Una mañana en la que tomé un camino diferente para tomar el autobús al trabajo, fue ahí que la vi por primera vez: “Lulú se llama”, me dijeron.
Lulu vivía uno de los comedores de una terminal de buses, Tenía una cama de tres cachorros uno de ellos en especial necesidad debido a una infección ocular. Este último se llevó a la veterinaria para que se tratara, debido a que teníamos muchos gatos en aquel entonces, no pudimos tomarlo a casa para cuidarlo.
Busqué darlo en adopción sin éxito, sin embargo cada mañana pasaba y le aplicaba las gotas para ojos recetadas, lamentablemente no le volví a ver cada día lo buscaba y preguntaba por él sin resultado alguno. Jamás podré dejar de sentir la tristeza de no haberle salvado a él y sus hermanitos . Pese a que ir por la calle hablando con extraños preguntándoles si nos permiten llevar a esterilizar a sus gatos puede ser un acto incómodo e inclusive intimidante (nunca se sabe la reacción de las personas), el haber finalizado el proceso a pesar de las tristezas que se puedan acarrear es satisfactorio pues tenemos la certeza que ya no traerá más gatitos a sufrir.